TU SABES QUE TE AMO

Confidencias de Jesús a un Sacerdote

Revelación privada a Monseñor Ottavio Michelini

 

(Algunos fragmentos del libro -  Si desea descargar el libro completo a su computadora vaya al link al final de esta página)

 

5 de Mayo de 1975 

LOS QUIERO VIVOS. 

Hijo mío, no me conformo con la adhesión poco más que formal de muchos sacerdotes míos.

Hijo, quiero de mis sacerdotes una participación activa en mi Redención.

Quiero a mis sacerdotes conmigo sobre el Calvario; muchos se niegan a seguirme en mi dolorosa subida.

A mis sacerdotes los quiero orantes y operantes Conmigo en la Eucaristía. Algunos no creen ni siquiera en mi presencia en los altares, otros me abandonan y se olvidan de Mí, otros,  nuevos Judas, me traicionan.

¡Quiero a mis sacerdotes constructores de mi Reino en las almas, no devastadores de mi Reino!

Quiero de mis sacerdotes el amor, porque Yo los amo infinitamente desde la eternidad. Alma del amor es el sufrimiento: se ama en la medida en que se sufre. Pero hoy muchos huyen del sufrimiento, y por tanto, del amor.

Hijo, quiero a mis sacerdotes conscientes, responsables y conocedores de su papel en el Cuerpo Místico. Los quiero vivos, vibrantes de gracia, de fe, de amor y por tanto de sufrimientos.

¡Cuánto tiempo perdido, cuánto bien no realizado, cuántos obstáculos e impedimentos en mi Cuerpo Místico! Que despilfarro de lo sobrenatural... porque muchos, muchos no tienen como soporte sino sólo una escasa fe, esperanza y amor.

¡Pobres sacerdotes míos que caminan a tientas en la oscuridad! Los amo, quiero su conversión, hijo.

Por lo tanto ¿Te extraña entonces si te pido sufrir un poco y rezar por ellos?

 

Los quiero conscientes

 —Jesús, hazme entender qué cosa quieres de nosotros, sacerdotes.

Ya te lo he dicho: os quiero conscientes de vuestra vocación. Yo os he escogido con especial predilección y amor.

Quiero a mis sacerdotes conscientes de su participación en mi Sacrificio, no simbólico sino real. Esto lleva consigo unión y fusión de su sufrimiento y el mío. No es formulismo exterior, sino estupenda y tremenda realidad: ¡la Santa Misa!

El sacerdote debe unirse a Mí en el ofrecimiento de Mí mismo al Padre. ¿Qué Misa es la del sacerdote carente de esta conciencia y convicción?

Piensa, hijo mío, ¡qué dignidad, grandeza y potencia he dado a mis sacerdotes! El poder de transubstanciar el pan y el vino en Mí mismo: en mi Cuerpo, en mi Sangre, en todo Yo mismo. En sus manos se repite cada día el prodigio de la Encarnación.

Los he constituido depositarios y dispensadores de los frutos divinos del Misterio de la Redención. Les he conferido el poder divino de perdonar o de retener los pecados de los hombres. Como a mi Padre putativo, los he constituido custodios míos sobre la tierra. Pero, para muchos, ¡qué diferencia  entre el amor con el que me custodiaba San José y su descuido de Mí en el Sagrario!

Hijo, a mis sacerdotes he confiado la tarea de anunciar mi palabra. Pero ¿en qué modo se lleva a efecto esta importante tarea del ministerio sacerdotal? Lo dice la esterilidad en general que acompaña a la predicación.

A mis sacerdotes les está confiada la tarea de combatir contra las oscuras fuerzas del Infierno, pero ¿quién se cuida de hacerlo, de echar a los demonios? Para hacer esto se necesita tender a la santidad; así también para curar a los enfermos se necesitan oraciones  mortificación.

Hijo mío, a mis sacerdotes los quiero santos porque deben santificar. No deben poner confianza, para su ministerio, en medios humanos como muchos lo hacen. No deben confiar en las criaturas sino en mi Corazón Misericordioso y en el Corazón Inmaculado de Mi Madre.

Los sacerdotes son verdaderos ministros míos pero, hecha excepción de pocos, no tienen conciencia de esta su posición.

Son mis embajadores, acreditados por Mí entre los hombres, las familias y los pueblos.

....................................

29 de Julio de 1975

 LA DIGNIDAD SACERDOTAL

 "Hijo, el Sacerdote me pertenece,  todas las criaturas me pertenecen, todos los hombres me pertenecen, pero el sacerdote me pertenece en modo diferente y particular.

Tú, hijo mío:

— me perteneces por Creación,      

— me perteneces por Redención,

— me perteneces por Vocación,

— me perteneces por Reconquista.

Así es verdaderamente.

Por lo tanto, eres mi propiedad, y como propiedad mía, tú realizas el fin de la Creación, el fin de la Redención y el fin de tu Vocación solamente de un modo: adecuándote escrupulosamente a mi voluntad.

Para esto te he llamado: no me has escogido tú a Mí, sino que Yo te he escogido a ti. Te he escogido para hacer de ti un ministro mío, es decir, para hacer de ti otro Yo mismo. No es un modo de decir, sino que es una gran realidad: Sacerdos alter Christus[1].

Sólo los santos han tenido la justa visión de la grandeza sacerdotal. Muchos ministros míos están muy lejos de vivir esta realidad divina: no tienen la visión luminosa del Misterio del que son parte.

Mis ministros deberían ser responsablemente conscientes de su dignidad sacerdotal, adecuando a ella día y noche toda aspiración y toda energía, toda fatiga y todo sufrimiento.

Así han hecho los sacerdotes santos y ¡todos los sacerdotes deben ser santos!

Para esto los he escogido para santificarse y luego santificar, para darse a Mí enteramente porque son míos, porque me pertenecen por tantos títulos y para que Yo pueda darlos, sin reservas, a los hermanos.

Pero, ¿qué hacen tantos ministros míos? Cuidan de sus intereses (muchas veces disimulados, pero siempre sus intereses) no de los míos que son los de las almas. Están sedientos y hambrientos de cosas mundanas.

He dicho que cuidan de sus intereses: mejor definirlos pseudo - intereses; el verdadero interés de ellos debe ser uno sólo: “Dios”. La gloria de Dios, la salvación de las almas; todo el resto no vale.

Por fuerza vagan desorientados en la niebla y en la oscuridad, que no se reconocen ya ni a sí mismos. No saben ya quiénes son, no saben a dónde van;  por fuerza resulta que ¡no hacen mella en las almas!

No, no se salvan almas en las playas donde impera Satanás compitiendo con los hijos de las tinieblas en la inmodestia, en la impureza, en el mal. No se salvan almas leyendo toda clase de libros, envenenando y contaminando espíritu y alma. No se salvan almas repudiando la fe. Se han hecho materialistas.


[1]  El sacerdote, otro Cristo

....................................

23 de Octubre de 1975

 ¿QUIÉNES SON LOS OBISPOS?

 Los Obispos son aquellos a quienes Yo, Sacerdote Eterno, he llamado para hacerlos partícipes de mi Eterno Sacerdocio. Los Obispos son los sucesores de mis Apóstoles. Los Obispos son los jefes de las Iglesias locales.

Los Obispos con el Papa mi Vicario en la tierra a la cabeza, forman el colegio apostólico.

Los Obispos, unidos al Papa, son los depositarios y los custodios, los que difunden y los defensores de mi Divina Palabra. "Id y predicad mi Evangelio a todas las gentes".

 Los Obispos, con el Papa son los administradores de los frutos de la Redención; puesto que son partícipes de la plenitud de mi Sacerdocio, deberían todos poseer el don de la sabiduría.

He dicho: todos deberían poseerlo. Por desgracia no es así y quienes lo poseen lo poseen en diferentes grados, como la luz que no tiene siempre la misma intensidad. Una es la luz del sol en pleno medio día, otra es la claridad que proviene de la luna, otra la de la lámpara y otra la de la luciérnaga.

 ¿Quizá el Espíritu Santo ha sido imparcial? No, hi­jo mío. El grado de sabiduría está en relación con el grado de correspondencia a los impulsos de la gracia.

Aquellos que con atenta y vigilante sensibilidad han respondido generosamente y valerosamente, a veces heroicamente y con perseverancia a los impulsos de la gracia, no dejándolos caer en el vacío, están llenos de sabiduría.

Quien menos ha correspondido menos ha recibido. Quienes no la poseen del todo quiere decir que han cerrado el camino al Espíritu Santo con su presunción y soberbia, raíz de todos los males.

 

Simplismo presuntuoso

 Hijo, mis Apóstoles, durante los tres años vividos junto a Mí, no hicieron grandes progresos en la vía de la perfección.

¿La razón? El simplismo presuntuoso del que estaba embebido su espíritu. Lo confirman sus necias preguntas dirigidas a Mí en varias ocasiones, excepción hecha del Apóstol predilecto, porque su espíritu puro, sim­ple y humilde lo hizo sumamente querido a Mí y al Espíritu Santo quien lo enriqueció con el don de la sabiduría, todavía antes de Pentecostés.

Después de mi Resurrección me aparecí a mi Madre, a la Magdalena, a Lázaro, a los discípulos de Emaús y a otros; en cambio no lo hice inmediatamente a mis Apóstoles quienes por ello fue­ron humillados, arrepentidos y también un poquitín resentidos.

Esta lección sirvió para hacerlos entrar en sí mismos; sirvió para inducirlos a reflexionar en la gravedad de su huida, en su comportamiento poco honorable en el tiempo de mí Pasión.

El simplismo presuntuoso del que estaba empapado su espíritu fue la causa del profundo sueño del que fueron presa. No estuvieron vigilantes, dando así el flanco a la emboscada del Ene­migo que los venció.

Durante los cuarenta días que precedieron a mi As­censión, Yo vacié su orgullo, los preparé a la separación de la Ascensión y sobre todo los preparé volver su ánimo dispo­nible a la acción del Espíritu de sabiduría.

Les conferí el poder sacerdotal culminado con la plenitud de mi sacerdocio del Pentecostés.

....................................

13 de febrero de 1976

LA COMUNION DE LOS SANTOS

 (...) “El Paraíso es una cosa tan grande que vosotros peregrinos en la tierra no podéis comprender.

En el Paraíso no hay posibilidad ni de crecimiento, ni de disminución de la propia felicidad que no consiste, como vosotros estáis tentados de pensar, en una, aunque feliz, pero inmóvil situación de contemplación de Dios y de todas las bellezas del Universo que en él se reflejan.

En el Paraíso la vida no es inmovilidad estancada, aunque sobrenaturalmente maravillosa.

En el Paraíso la felicidad se renueva en aquel instante sin pasado y sin futuro, que se llama eternidad y que es siempre infinitamente nuevo (...)”.

En humildad de espíritu alabad y glorificad a Dios, Uno y Trino, por haber sido escogidos, aunque en medida diversa, pero todos para el mismo fin, como obreros cualificados para trabajar en la viña del Señor, para contener el irrumpir de las aguas del Infierno por medio de las cuales se trata de derribar la Iglesia de la que Jesús es Cabeza tres veces Santo. De Él, Cabeza, se quiere destruir la identidad divina y humana; se quiere destruir a la Virgen Santísima, la Madre que ha engendrado a la Iglesia en el dolor y en el amor sin límites.

Sois hijos predilectos llamados para colaborar, con la oración y el sufrimiento, para que la Iglesia no sea destruida como el Infierno y sus aliados quisieran.

 

Realmente unidos

 Acordaos de la Comunión de los Santos: estáis realmente unidos a nosotros.

Es un poco tibia vuestra fe en este gran Misterio. Somos hijos del mismo Padre celeste, tenemos en común la misma santa Madre, circula en nosotros la misma linfa vital. Tenemos los mismos intereses: la gloria de Dios para propugnar en todas partes, la realización de la voluntad divina.

No olvides nunca que la muerte corporal os separa solo físicamente, pero no espiritualmente.

Este grande y misterioso dogma, no basta con creerlo vagamente. Debe ser vivido en su realidad humana y sobrenatural. El hilo de la vida no se rompe enteramente sino sólo parcialmente.

Os repito: ¡vivid este Misterio día y noche!

....................................

16 de Julio de 1976

 INTENCIONES UNIVERSALES

 Soy Padre Pío.

Hijo, me es conocido tu deseo de una comunión más viva y más intensa con todo el Cuerpo Místico.

Llegarás a ello poniendo en práctica tu propósito de renunciar al estipendio de la Santa Misa, así podrás realizar el Santo Sacrificio libre de cualquier interés material. Serás libre de aplicar no obliga­do por las exigencias de los demás, que no rara­mente ligan al Santo Sacrificio intenciones muy pobres y bien alejadas de las razones por las que Jesús continúa inmolándose.

Tú aplicarás la Santa Misa por la conversión de los pecadores, por las almas del Purgatorio o por otras intenciones semejantes, que sean siempre un acto de amor hacia Dios y hacia el prójimo.

No te preocupes para nada por la cuestión material.

Él te resarcirá abundantemente en el modo que Él quiera.

 

Fermento espiritual

 Hijo, también con este medio profundizarás en la comunión con Él Jesús, y:

- con la Iglesia Purgante (y la razón es evidente),

- con la Iglesia Triunfante; que verá en ti un amor más puro, una generosidad y una fe más cercana a esa perfección tan querida para ellos.

- tendrás una comunión más íntima y más intensa con toda la Iglesia Militante.

En particular estarás más unido con las almas víctimas. Ellas renuncian en la vida terrena a mucho, mucho más que al equivalente a una limosna por una Santa Misa, y se inmolan por aquellos pecadores por los cuales ciertos sacerdotes no rezan si no hay por detrás compensación.

Hijo, tu propósito, si se lleva a cabo con pronta firmeza, será causa de un fermento espiritual en todo el Cuerpo Místico. Tendrás gran ayuda de los Santos del Paraíso. No te digo lo que harán por ti las almas del Purgatorio. Estarás en una comunión más perfecta con las almas víctimas.

El Santo Sacrificio, inmune por tu parte de todo interés humano, subirá al Padre más grato. La Santa Misa será además vínculo de una mayor unión tuya con Jesús en el ofrecimiento de Sí y también de ti al Padre.

¡Animo, hijo! Será para ti un salto hacia adelante.

....................................

3 de Septiembre de 1976

 VIDA POBRE

 Don O., soy Padre A.,

soy el sacerdote que, aún pudiendo vivir acomodadamente, sin problemas económicos, por los bienes de los que mi familia disponía, preferí la vida simple y pobre a imitación del divino Maestro. He seguido sus palabras de vida, sus ejemplos luminosos de pobreza, de humildad, de obediencia.

Amé, "toto corde"[1] 11, al Sumo Sacerdote y amé el Sacerdocio. Recé y sufrí por las vocaciones sacerdotales, fui celoso de la salvación de las almas, fundé la Obra R. que para la tierra fue un fracaso, para el Cielo fue un triunfo. Que esto te diga, Don O., cómo el juicio de los hombres raramente coincide con el juicio de Dios.

 

¿Responden con fe?

 Don O.: ¿cuántos son los sacerdotes que, animados de santo ardor y coherentes con la vocación recibida, responden con fe a las fuertes llamadas del divino Maestro y de la Madre común, de la Madre de la Iglesia?

Don O., ¿qué visión tienen la mayoría de los sacerdotes, de Cristo Hijo de Dios, presente en el Misterio del Amor y de la fe en un prodigio infinito de humildad?

Don O.: ¿no caen en la cuenta de que caminan por el borde de un pavoroso precipicio, con el Maligno al lado que, astuto e insidioso, los sigue para perderlos eternamente?

Don O.: ¿cómo es posible tanta oscuridad en los mismos Pastores de la Iglesia, muchos de los cuales tienen como problema de su pastoral la salvaguarda de su prestigio personal?

¿Y cómo es posible que no adviertan la esterilidad de su actuación, terrible confirmación de un fracaso cuya evidencia no puede escapar a nadie?

¿Cómo es posible persistir en una postura presuntuosa que ofende a Dios, ofusca a la Iglesia y desfigura en ella la fisonomía impresa por su divino Fun­dador? ¿Puede todavía el Señor Dios permitir tanta abo­minación que envilece y desfigura a la Iglesia, salida de su Corazón misericordioso?

Don O., La Iglesia no tiene necesidad de diplomáticos astutos, la Iglesia no tiene necesidad de gober­nadores orgullosos, la Iglesia tiene necesidad de Pastores santos que sepan unir a la paternidad una sabia firmeza, para poner fin al estado de anarquía que todavía envilece a la Iglesia.

No deben ignorar que Satanás, el Príncipe de las tinieblas, el promotor de escándalos, de herejías y de cismas no se detiene jamás. Satanás tiene fuertes y podero­sos aliados en las logias masónicas, en los partidos políti­cos, ateos y hasta no ateos.

Sepan los Pastores de almas que, mientras pierden el tiempo en ribetes, celosos de su prestigio, Satanás descepa, devasta y destruye la viña del Señor, precipita almas al Infierno, y se ríe de la necedad de sus adver­sarios porque nada hacen de eficaz para contrarrestarlo.


[1] De todo corazón

....................................

6 de Diciembre de 1976

 

ESTOY A LA PUERTA Y LLAMO 

Hijo mío, escribe:

¿De qué cosa se han hecho responsables muchos Obis­pos míos y muchísimos sacerdotes?

1º -          Son culpables de la herejía de la acción, es decir, de pseudo celo bajo el cual se oculta vanidad.

2º -          Son culpables de haberse dejado absorber por la actividad exterior a veces hasta agotarse; esto no responde a un designio de la Divina Voluntad sino a un sutil orgullo y a una insidiosa maniobra del Malig­no.

3º -          Esta exasperada actividad no ha tenido y no tiene una correspondiente actividad interior, por lo que se ha enraizado en su espíritu la convicción de ser los muros de carga, sin los cuales todo está destinado a derrumbarse; en palabras más sencillas, estima exagerada de sí mismos con una consiguiente disminución de la confianza y abandono en Dios.

4º -          Rechazo a reformarse y a reformar seria y eficazmente sus Iglesias inspirándose en principios evangélicos; ésta es gravísima culpa, porque no les han faltado llamadas de lo Alto, advertencias, admoniciones ni hechos y sucesos sobrenaturales.

5º -          Cómoda prudencia en virtud de la cual han impedido un bien inmenso para las almas, cometiendo ellos mismos innumerables imprudencias.

6º -          No son pocos mis Obispos embebidos de racionalismo y hasta de marxismo.

7º -          Imputación grave les hago por haber buscado siempre y únicamente el compromiso con el objeto de evitar molestias en el vértice. y críticas y reproches en la base, pero ese compromiso no es de Dios, no ha sido ni jamás lo será de sus santos porque está en discrepancia con Mi Evangelio.

8º -          Son también responsables de la anarquía reinante en Mi Iglesia.

9º -          Son responsables de la infección en el campo doctri­nal y no pocas veces moral en muchos seminarios y de la difusión de errores y herejías, haciendo de la Iglesia una pavorosa Babel por lo que no se en­tienden ya sino poco y mal.

10º -        ¿A quién se deben imputar las múltiples contradic­ciones de la Pastoral moderna, sino a los Pastores y a los sacerdotes debido al torpe uso de su autoridad?

Justamente se ha dicho que se debe defen­der y salvaguardar el principio de autoridad a causa de la anarquía que se propaga, pero también se ha dicho que el ejercicio de la autoridad debe cam­biar y que la paternidad y la firmeza se pueden con­ciliar muy bien en un padre Pastor de almas.

11º -        Es luego culpa gravísima de muchos Obispos y sacerdotes haberse dejado influenciar por la diabólica vida moderna, en muchos casos aprobándola y bendiciéndola, ellos, escogidos para una acción totalmente contraria; ellos, escogidos para contrarrestar las fuerzas oscuras del mal y oponerse a su acción demoledora en Mi Iglesia, ellos, las lámparas encendidas en el mundo, se han dejado superar y apagar por la oscuridad del infierno, ellos, el fermento de vida y levadura para el pueblo de Dios, ellos, la sal de la tierra, se han dejado desecar y paralizar por la agresividad de los Demonios.

12º -        Son culpables de emular a los grandes y poderosos de la tierra en el modo de gobernar; son taimados en su diplomacia, olvidando que Yo, Verbo Eterno de Dios, Redentor de la humanidad, Sumo y Máximo Embajador de Dios ante la humanidad entera, he te­nido una sola diplomacia, la de la Verdad; en cambio ellos, compitiendo y emulando a los diplomáticos del mundo se han hecho unos expertos, y a menudo maes­tros de mentira; en realidad la diplomacia del mundo es el arte de mentir, y también ésta es una tre­menda responsabilidad.

El padre del hijo pródigo ha usado la diplomacia del amor.

Yo, Jesús, no he sido un gobernador en los tres años de mi vida pública, nunca he buscado honores, aprobaciones ni consensos humanos, sino que Yo, el Buen Pastor, el Padre del hijo pródigo, he tenido siempre y sólo un único deseo: la Voluntad del Padre y la liberación de las almas del terrible yugo de Satanás en quien hoy ya no se cree.

13º -        Por último, debo imputar todavía a Pastores y sacerdotes, como culpa grave, una insensibilidad por los que sufren, por los enfermos, de mente y cuerpo, por culpa de las fuerzas oscuras del infierno.

Insensibilidad increíble, inconcebible insensibilidad en estridente contraste con las enseñanzas evangélicas, con los ejemplos de Mí, Verdadero Dios y Verdadero hombre, y con los poderes que Yo he dado a Mis Apóstoles y a sus sucesores de curar a los enfermos y de echar a los de­monios.

¡En esto la mistificación se ha llevado a los límites extremos!

¿Pero qué piensan Obispos y sacerdotes que Yo, Ver­dadero Dios, haya dicho cosas inútiles y vanas? ¿Qué piensan que Yo, Jesús, Verdadero Dios haya pronunciado palabras e impartido enseñanzas no útiles y no necesarias en todos los tiempos?

Yo soy Dios, no estoy condicionado ni por el tiempo ni por el espacio, mis enseñanzas son válidas para todas las generaciones, pero ¿Qué tipo de fe tienen Obispos y sacer­dotes de esta generación atea, perversa e incrédula?

¿Pero cómo piensan mis Obispos que los tiempos actuales sean diversos de los tiempos míos cuando humana­do viví sobre la tierra?

¿No han caído entonces en la cuenta de que todo el progreso moderno, este progreso material manipulado por Satanás ha servido al mismo Satanás como instrumento de desór­denes y de perversiones personales, sociales y mundiales?

¿No han caído en la cuenta mis Obispos y sacerdotes de que el fin del hombre no es la tecnología ni el bienestar material escindido del supremo interés espiri­tual de la humanidad entera?

¿No han comprendido entonces Obispos y sacerdotes, o se les ha hecho más cómodo no querer comprender para no chocar contra las fuerzas oscuras y misteriosas del mal, contra las cuales, en lugar de usar el arma de la verdad, han preferido usar el arma diabólica del compromiso?

¿Qué han hecho de la tremenda responsabilidad, que incumbe sobre su sacerdocio, ellos que como naturales maestros eran y son los únicos que tienen la obligación de poner en guardia a las almas contra el peligro, contra las insidias inherentes al progreso material y a la civilización del consumo?

No, hijo mío, no te preocupes por la verdad; bien­aventurados aquellos que sabrán acoger la verdad con hu­mildad, para el bien personal y social de Mi Iglesia.

Por desgracia no han sido escuchadas mis reite­radas llamadas e invitaciones para escudriñar e interrogar sus conciencias, ¡Todas han caído en el vacío!

Hijo mío, es tremendo resistir a la Bondad Divina que llama a la puerta de las almas que quiere salvar; un predecesor de ellos, Judas, resistió, pero su resistencia fue su perdición.

Te bendigo, hijo, repara, reza y ámame.

....................................

12 de Enero de 1977

 EL CUERPO MÍSTICO DE CRISTO

 Escribe, hermano mío, soy Don Orione.

¿Podría faltar mi voz al coro de los demás hermanos míos que te han hablado? ¡Naturalmente que no! He aquí por qué también Yo deseo expresarte algunas ideas que te podrán ser útiles para el cumplimiento de tu deber, en particular en este momento, en verdad crucial, que vosotros, militantes sobre la tierra, estáis viviendo.

Ya otros me han precedido en indicarte las causas remotas y próximas de la crisis de fe que aflige a la Iglesia hoy; el mal es tan grande que merece un diagnóstico agudo y preciso, un diagnóstico veraz.

Es verdad, hoy la Iglesia sufre en su naturaleza de Cuerpo Místico de Cristo; Cabeza de este Cuerpo Místico es Cristo mismo, Cabeza real, presente personalmente con su Divinidad y con su Humanidad; como Cabeza fundador, Cristo, que ya no puede después de su Resurrección sufrir físicamente, sufre en cambio espiritualmente, moralmente, por culpa de los hombres que repudian su Redención, su Amor infinito; esto es paradójico, absurdo, de locura, pero verdadero.

Jesús, Verbo Eterno de Dios hecho Hombre, no es un engañabobos o un embustero; Él es la verdad, toda la verdad. ¡Cuántas veces no ha realizado intervenciones extraordinarias para hacer comprender a los hombres distraídos, indiferentes y apáticos, y no rara vez malos y perversos saturados dos de odio contra Él, el Amor!

 

Tienen miedo de creer

 ¡Cuántas veces no se ha lamentado con almas queridas por Él, apariciones innumerables a Santos a los que ha confiado su infinita tristeza y sufrimiento por la ingratitud de los cristianos, por la ingratitud de los consagrados, sa­cerdotes, religiosos y religiosas!

A Santa Margarita ha dicho: `'He aquí el Corazón (mostrando su Corazón circundado de espinas) que tanto ha amado a los hombres, y de quienes no recibe sino ofensas, ingratitudes, desprecios"...  ¿No se ha manifestado cho­rreando Sangre?

Tú mismo, junto con otros eres de esto testigo. ¿A cuántos otros ha hecho ver su Corazón circundado de es­pinas, y qué quería decir con estas espinas?

Estas manifestaciones, testimonio de Su dolor y de Su infinita tristeza, ¡no cuentan, especial­mente en estos tiempos de oscuridad! No obstante todo esto, consagrados y aún Obispos permanecen escépticos, apáticos, impasibles.

No creen (crisis de fe), no creen y no quieren creer, tienen miedo de creer; no quieren admitir lo sobrenatural por todas las consecuencias inevitables que eso lleva; aquí aludo a los consagrados, precisamente a aquellos que deberían dar testimonio de Él ante el mundo ateo. Son justamente los consagrados los que mayormente entriste­cen y desilusionan el Corazón Misericordioso de Jesús.

Si a la apatía, indiferencia, tibieza, incredulidad de los consagrados agregas la avalancha ininterrumpida que se vuelca sobre El, de pecado, de porquerías, de crímenes, de delitos de todas clases, como en Getsemaní. que son cometidos por cristianos y por hombres de todo el mundo, se puede comprender ¡Su inmenso, infinito sufrimiento!

Para quien ama infinitamente a las almas por las cuales ha sufrido infinitamente y sufre, no hay ni puede haber pena mayor, que ver las almas marchar numerosísimas hacia la perdición eterna.

....................................

7 de Noviembre de 1977

 EL MISTERIO DE LA REDENCIÓN

Centro y sostén de la historia de la humanidad

 Hijo mío, escribe,

Soy el Unigénito Hijo del Padre, en la plenitud de los tiempos hecho Carne en el Seno de Aquella que, bendita entre todas las mujeres, Conmigo Redentor se hizo Corredentora de la humanidad entera librándola así de la tiranía del infierno y de Satanás que la había hecho suya, con el engaño y la mentira, en el paraíso terrenal, despojándola de la vida sobrenatural de la Gracia, don estupendo de Dios, gratuito e incomparable.

En el terrestre paraíso de los progenitores, con la com­plicidad de Satanás, fue destruida la vida divina de la Gracia; en la cumbre del Calvario, presente y copartícipe Mi Madre, Yo obré el triunfo de la vida sobre la muerte, realizando así el designio del Padre que quiso hacer de Mí, Su Verbo hecho carne, en íntima unión con Mi Madre, el Corazón propulsor de toda la creación, el Cristo cósmico, epicentro del universo entero.

Satanás, en su invencible odio, busca en Adán y Eva su revancha sobre la humanidad entera sometiéndola a él con el pecado original; en el Calvario Yo, Cristo, nuevo Adán, en unión misteriosa con la Virgen Santísima, Madre Mía y vuestra, con mi sacrificio, obro la Redención; con la nueva creación reconcilio en Mí a la humanidad con El Padre, restituyéndola a Él, Alfa y Ome­ga de todos.

¿Por qué hijo mío, vuelvo yo con gran insistencia sobre un asunto del que ya tanto te he hablado y sobre el cual tanto se ha escrito?

Porque debe quedar bien claro y por todos comprendido que el Misterio de la Redención obrado por Mí, repito con la participación misteriosa de mi Madre, es el centro y fulcro de toda la historia del género humano, hoy puesto en duda en su naturaleza y consecuentemente en sus efectos por muchos sacerdotes, Obispos y teólogos.

Hijo, negando la realidad demoníaca se niega el pecado original, se niega la Redención en su naturaleza y sus efectos sobrenaturales.

Hijo, negando esto se niega la centralidad del Misterio de la Cruz como punto de apoyo de la historia humana, y como exaltación y glorificación misma de la humanidad perdida y desheredada.

Con la Redención se difunde sobre la humanidad una luz nueva.

Yo soy la Luz venida a este mundo, pero hoy esta Luz se quiere apagada y lo que es verdaderamente monstruoso es que las potencias oscuras del infierno hayan encontrado aliados y celosos colaboradores en Pastores, sacerdotes y en tantos teólogos presuntuosos en su obra demoledora; ¿hasta cuándo podré, hijo mío, tolerar una tal abominación?

Sepan pastores, ministros y teólogos de la nueva Iglesia que ningún hombre debe ignorar (porque ignorando compromete su salvación eterna) la doctrina en la cual y por la cual los preceptos divinos hunden sus raíces.

Será actividad fundamental y esencial para la pastoral de la Iglesia regenerada enseñar todo lo que ha sido revelado acerca de la creación, tentación y caída de los primeros padres, con la consiguiente Redención.

Ninguna moral sana es posible sin el conocimiento de la verdad en la que la moral tiene sus raíces. La pastoral en general, salvo pocas excepciones, es actualmente como eje desplazado de su centro, ella mira a las cosas marginales dejando en la oscuridad la parte central; por esta razón las almas están desorientadas con daño grandísimo y peligro de perderse.

 

Su finalidad: arrancar las almas a Satanás

 La finalidad de la Redención fue, es y será volver a arrancar las almas a Satanás homicida para devolverlas a Dios Creador, Salvador y Santificador. La razón por la cual hoy (aun en el dinamismo febril de la herejía de la acción) se ha venido a menos en relación con este fin principal de la pastoral, está en la soberbia, siempre la única raíz de todos los males.

La soberbia genera en el hombre el disgusto, la náusea de las cosas de Dios, de la oración, y en particular paraliza todo desarrollo de la vida interior de la Gracia, oscurece la mente, debilita la voluntad facilitando así el extravío del alma que poco a poco se hunde en un creciente y ruinoso desapego de Dios con un simultáneo apego a los bienes del mundo y a los placeres de la carne, y al fin aquí la tienes envuelta como en una mordaza tre­menda en la concepción típicamente mate­rialista de la vida.

Hijo, la purificación en acto desalojará este materialismo del que Mi Iglesia y el mundo entero están tan terriblemente contagiados.

En Mi Iglesia regenerada se deberá tener presente que la verdad conocida y amada orien­ta al alma a la humildad, encaminándola al puerto de la salvación eterna.

Los Obispos deberán considerar la enseñanza catequística como un fundamental deber suyo por lo que cuidarán de la apertura de escuelas para catequistas, confiadas a expertos y santos sacerdotes que deberán tomar el agua de las fuentes límpidas de la Revelación, acordándose que siempre Uno solo es el Maestro eterno e infalible cuyas enseñanzas no mudan ni mudarán jamás porque son divinas.

La Iglesia brotada de Mi Corazón abierto, maestra de verdad, porque es depositaria y custodia del patrimonio de la revelación, tomará su puesto de guía de los pueblos, fuerte por mi divino mandato.

La ignorancia de las verdades eternas, la manipula­ción y negación de la historia del misterio de la salvación ha sido y es el arma formidable con la que el enemigo ha traído el caos y la anarquía a la Iglesia y al mundo.

Pero ¡no prevalecerá!

Ya los retoños de la prenunciada primavera despuntan por todas partes, y el advenimiento de mi reino y la victoria del Corazón Inmaculado de Mi Madre están a las puertas.

Te bendigo, ámame.

 

MI  IGLESIA

Bella, pura, revestida de candor y de amor, es así como la quiero, y así será

 Escribe hijo mío,

soy Yo, Jesús, que te pido volver a tomar la pluma en tu mano; lo que está sucediendo en mi Iglesia, en la que por otra parte no faltan almas estupendas, es verdaderamente abominable.

En mensajes precedentes tuve bastantes veces ocasión de decirte que si te hubiese hecho ver lo que está tras la fachada de mi Iglesia habrías muerto al instante: un infame connubio, una nauseabunda intriga de mis ministros, de mis fieles y hasta de Obispos con las fuerzas oscuras del mal, es sólo un trágico aspecto de esta desoladora realidad, es la desolación de la desolación, desolación grande que requiere una enérgica intervención y una anticipación de los tiempos.

Hijo, soy el Esposo consumido por el deseo de encontrarse con la Esposa en el día de las bodas, soy el Esposo que arde en el deseo de sacar a su Esposa del fango en el que ha sido arrojada, para recuperarla bella, pura, revestida de amor y de candor; es así como la quiero y así es como será mi Esposa del mañana, ay de aquellos que atentaren contra su candor; soy celoso de ella y no permitiré que sea ulteriormente ultrajada.

 

Es cosa verdaderamente paradójica y absurda

 Mi Iglesia regenerada no deberá ya someterse a la vejación de la soberbia de hombres vueltos esclavos de las potencias oscuras del mal; hijo mío, la lucha conducida por el Príncipe de las tinieblas sirviéndose de la concepción materialista de la vida, ha puesto a la iglesia, y no sólo a la Iglesia, sino a la humanidad entera, en un callejón sin salida, que no puede sino desembocar en la más tremenda tragedia de la historia del género humano, tragedia sin precedentes, te afirmo de nuevo, es cosa verdaderamente paradójica y absurda, que la humanidad camine con tanta ligereza hacia una catástrofe tan inmensa.

La exaltación de la materia, en todos sus varios aspectos y sectores; la glorificación de la fuerza bruta, la divinización de todo lo que es corruptible, el desprecio de todos los valores del espíritu inmortal, que no perece y nunca perecerá, el desprecio de las conquistas del espíritu, razón y finalidad  de la Primera y de la Segunda Creación, son consecuencias lógicas del precipicio en el que la Iglesia y pueblos de la tierra están por abalanzarse.

En mi Iglesia regenerada, la vida individual, familiar y social de los hombres deberá ser desbrozada de todos esos falsos y engañosos bienes por los que los hombres y los pueblos se fatigan, luchan y mueren, cosechando la triste realidad del pecado, es decir, la condenación eterna; esto, hijo mío, es locura, como loco es también quien ha llevado esta locura a la tierra, la vida del género humano en la tierra será redimensionada, sea en el número, sea en la insaciable sed de siempre nuevas exigencias.

....................................

17 de Junio de 1978 

LA MUERTE NO INTERRUMPE LA VIDA

 Don Octavio, soy Don Sisto.

Te fue dicho que la muerte no interrumpe la vida, sino que, para los elegidos, la perfecciona; esto es cierto, en efecto, como aquel que llega forastero a una gran ciudad antes desconocida y está distraído por las grandes novedades que divisa, luego, los problemas de su vida vuelven a aflorar y asoman a su memoria, así es para el que llega al Paraíso. No es que inicie la vida ex novo[1], sino que vuelve a recordar las cosas de la vida terrena, naturalmente en una luz completamente diferente, y ve las cosas desde un perfil nitidísimo, por lo que también el interés por las cosas terrenas es modificado por la nueva situación.

Cuando la vida terrena estaba en curso, yo sabia de los muchos males que afligían a la Iglesia, pero ese conocimiento mío era limitado y estrecho y jamás habría podido suponer la realidad. Desde el Paraíso, por permisiva Voluntad divina, la visión de los acontecimientos humanos es bien diversa y también es diferente la visión de la Iglesia. Bastaría con que sólo por un instante todos los hombres en camino en la tierra pudieran tener una visión del mundo para que se verificara un cambio radical de las amargas y tristísimas realidades que vosotros estáis viviendo, pero esto no es posible, la vida en la tierra es prueba, y no sería ya prueba si no fuera así.

 

En la oscuridad de la noche 

Don Octavio, me parece inútil continuar el discurso sobre el origen de los males llevados a la tierra por la rebelión contra Dios de las fuerzas oscuras del infierno y por la desobediencia de nuestros primeros padres, males agravados por los sistemas de vida económicos y sociales que lesionan o la justicia o la libertad de los individuos y de los pueblos. Puede parecer absurdo que el hombre, dotado de facultades tan maravillosas que lo han llevado a descubrir tantos secretos de la naturaleza y a la conquista de un progreso, que bien guiado podría verdaderamente llevar o acrecentar el bienestar del hombre en la tierra, no haya sabido adquirirlo, no por la incapacidad del hombre, sino por la perversa voluntad del que es Príncipe de este mundo y que tiene a la humanidad como su presa, hecha suya con el engaño y con la mentira. En realidad nunca ha permitido que se pudieran instaurar para los pueblos gobiernos de buena voluntad, gobiernos en los que justicia y libertad pudieran estar juntas, o, al contrario, o está conculcada una o está conculcada la otra, por lo que la vida de los pueblos siempre ha estado convulsionada, agitada, turbada por guerras civiles, revoluciones y otros muchos achaques, provenientes siempre de la primera y única causa: la soberbia de Satanás y de sus legiones.

Don Octavio, para quien usa la inteligencia con la voluntad de averiguar la verdad, la verdad emerge clara de la confusión de los hombres en la tierra. En medio de los pueblos está la Iglesia, que tiene el mandato de llevar las verdades divinas a todos los pueblos y ¿cómo es posible que también en la Iglesia, maestra de paz, de verdad y de justicia haya desde siempre entrado el desorden, la lucha y la injusticia? No te responderé yo, sino más bien te responderá Él, el Divino Maestro con la parábola del sembrador, de aquel sembrador que tuvo su campo infestado por la cizaña que el inimicus hominis[2] había sembrado en la oscuridad de la noche. Medita sobre estas últimas palabras: "en la oscuridad de la noche". El no se manifiesta nunca, todo lo hace en el secreto de la noche, en la oscuridad.


[1] De cero

[2] Enemigo del hombre

....................................

6 de Noviembre de 1978

 EL TENEBROSO REINO DE SATANAS

 Escribe, hijo mío, soy Jesús.

Ayer te dije que era mi intención ampliar el diálogo sobre mi Iglesia y sobre hechos y cosas que tocan su vida; hoy te digo que uno de estos hechos que interesa mayormente a mi Iglesia, es la cruda realidad de sus más encarnizados enemigos.

Es una realidad evidente, claramente revelada, rica de tantísimas señales, confirmada por tantos y dolorosos testimonios y causa primera de todos los sufrimientos humanos, creída y terriblemente vivida por todos los Santos de todos los tiempos y por todos los elegidos, porque no se puede ser Santo, no se llega a ser elegido, si no es cribado y atribulado en el crisol de las potencias oscuras del Infierno. Ahora bien, hoy esta realidad no sólo es puesta en discusión, sino que es hasta negada por Pastores, Obispos y Sacerdotes, que con venenoso celo extienden la incredulidad.

Hijo mío, Yo, Verbo eterno de Dios, me propongo volver a afirmar solemnemente la existencia del "tenebroso reino de Satanás" y manifestarte, aunque brevemente, algunas cosas de la naturaleza de esta turbia realidad.

Pretendo además confirmarte una vez más que la finalidad del misterio de Mi Encarnación es sólo el de arrancar las almas al Infierno "eterno", creado para quien no ha querido y no quiere someterse a Dios, Uno y Trino, Alfa y Omega de todo y de todos.

He hablado de Infierno eterno, hijo, y así es, aunque la presunción humana en su ilimitada necedad tenga la absurda y ridícula pretensión de rehacer o corregir los eternos decretos de Dios. Las provocaciones de los hijos de las tinieblas en efecto han sido y son tales que la Omnipotencia del Padre habría ya severamente castigado a esta ingrata humanidad si hubiera faltado la intercesión de Mi Santísima Madre y las oraciones y penitencias de los justos.

He aquí una vez más confirmado lo que te he dicho en precedentes mensajes, publicados en el quinto libro y esto es, que toda la acción pastoral de mi Vicario en la tierra, de los Obispos y de los Sacerdotes trae origen de esta inmutable finalidad: arrancar las almas de las potencias oscuras del Infierno para conducirlas de nuevo a la Casa del Padre Celestial.

 

Masonería, la iglesia de los demonios

 Hijo mío, cuántas veces te he dicho y recordado que Lucifer y su estado mayor basan su actividad y su modo de ser remedando a Dios... 

Yo, Jesús, verdadero Dios y verdadero Hombre, he fundado mi Iglesia jerárquica... y jerárquica es la iglesia de Satanás en la tierra, la Masonería;

Yo, Jesús, había diseminado fortalezas espirituales en toda mi Iglesia... la masonería, la iglesia de los demonios, ha diseminado en el mundo sus Logias, con jefes y gregarios con el solo fin de contraponerse y combatir a mi Iglesia. Y siendo los demonios tales precisamente por rebeldes a Dios, toda su actividad está inspirada y basada en la rebelión y, por lo tanto, sobre todo lo contrario de cuanto se realiza en mi Iglesia.

La masonería, querida, sostenida y guiada por las potencias oscuras del mal, está alcanzando el máximo nivel de su obra de demolición de mi Iglesia obrando en el interior y en el exterior; en el interior tiene bastantes gregarios en el vértice y en la base, en el exterior, como siempre enmascarada por la hipocresía, pero golpeando e inyectando con su aguijón venenoso a todos aquellos con los que entra en contacto; además hoy, presintiendo próximo el gran choque minuciosamente preparado desde hace tanto tiempo con arte solapada, no duda en manifestar lo que siempre ha mantenido celosamente escondido, ocultado.

Tachan de locura a quienes han permanecido y permanecen firmes en la fe y en la fidelidad a Dios y a la Iglesia, que aunque casi enteramente prisionera de estas fuerzas tenebrosas infernales y terrenales resistirá y no será destruida, es más, de los sufrimientos de la hora actual saldrá más bella y más luminosa, como nunca antes lo fue.

 

Cuántos no creen en Mi presencia

 Hijo mío, te has preguntado muchas veces cómo es posible que te hayas venido a encontrar enredado en tantas luchas con las potencias oscuras del Infierno, que te han costado sufrimientos difícilmente comprensibles por los demás y tantas lágrimas amargas… cómo es posible que también ahora debas soportar esta persecución, porque así la puedes llamar, persecución, también ésta, oculta a los demás, pero bien notoria para ti; ahora bien, creo que desde este momento tal interrogante no tenga ya razón de subsistir, por otra parte ¿cuántas veces lo he respondido ya?

Hijo, te he reservado una tarea y una gran misión para la que era necesaria la dolorosa experiencia permitida por mi Divina Voluntad.

Ahora, hijo mío, ten confianza y no temas de nada. Preparaos a asumir bien vuestros deberes de hijos predilectos; no os faltarán nunca los auxilios ni la asistencia divina.

Amaos como Yo os amo. ¡Cuántos no creen en mi presencia personal en medio de vosotros, cuán grande y triste es la oscuridad en la que se debaten!

Te bendigo, hijo, y contigo bendigo a la Comunidad.

Ámame, reza. Rezad y reparad.

....................................

 

6 de Noviembre de 1978

 UN ARMA TREMENDA: EL MALEFICIO

 Escribe, hijo mío, soy Jesús.

Fiel a la promesa que te he hecho deseo continuar la conversación iniciada ayer y comunicarte otras cosas referentes a mi Iglesia.

La perfidia y la malicia de las potencias oscuras del mal es tal que muy difícilmente se puede conocer toda su extensión. También difícilmente se puede comprender cómo malicia y perfidia se hayan insinuado, como una inmensa nube tóxica, en los más remotos entresijos de mi Iglesia, envenenando todo y oscureciendo todo.

¿Puedes tú hoy contar las herejías que laceran a la Iglesia?

Las potencias oscuras del Infierno además, sometiendo a sí a los hijos de su iglesia, querida para diseminar todos los males posibles con los cuales golpear, lacerar y atormentar almas y cuerpos, tienen también a disposición un mal grande, un arma tremenda para golpear, no sólo el espíritu sino también los cuerpos de los miembros de mi Iglesia: ¡el maleficio!

 

esto suscita estupor y aun escándalo en quienes...

 Del maleficio, ¡cuántos son víctimas hoy! ¡Un número sin número!… Sin embargo esta palabra: "maleficio", que es causa de indescriptible sufrimiento, suscita perplejidad, dudas e incredulidad aún en aquellos que son víctimas de ello;

suscita risas y burlas en quienes no creen;

suscita estupor y hasta escándalo en aquellos que deberían conocer su naturaleza,  origen y causa y deberían sugerir modos y medidas para defenderse e indicar los medios para combatirlo.

Pero ¿quiénes son éstos que fingen estupor y asombro cuando oyen hablar de maleficio?

Es increíble de decir hasta dónde llega la perfidia de los Demonios y de sus aliados y colaboradores en la tierra, precisamente porque estos son Sacerdotes, Obispos y hasta Cardenales, que descaradamente con engañosos pretextos, con una malicia y perfidia satánica y con un nauseabundo y fingido celo prohiben a los Sacerdotes confiados a su cuidado usar los medios buenos y eficaces, ya indicados en el pasado por la Iglesia, aceptados por la Cristiandad y usados por todos los Santos, quienes han apreciado su utilidad y su eficacia, presentando como cobertura de su hipocresía la aplicación del Concilio, entendida a ¡quitar de en medio los tabúes que ¡podrían disminuir el prestigio de la Iglesia!

Se ha llegado así a prohibir a los Sacerdotes "bendecir" a personas maleficiadas y a limitar el uso del agua Bendita, imponiendo bendecirla sólo en las Misas dominicales, y todo, naturalmente, bajo la apariencia de cuidar celosamente el prestigio de la Liturgia.

 

maleficio: presencia de oscuras fuerzas ocultas

 Este es un aspecto negativo y demoledor, pero son tantos los aspectos negativos y demoledores de la Pastoral moderna, desviada como está de su finalidad fundamental, que es la de arrancar a las almas de las garras de las fuerzas oscuras del mal.

Lo que estoy diciéndote, hijo, son pequeños fragmentos de los trágicos males de mi Iglesia. Los maleficios son una tremenda realidad, cuya visión sin embargo, por arte diabólica, está quitada aún de la vista de quienes son sus víctimas.

En efecto, en la voluntad de quien los encarga y de quien los obra, el hablar de ello se considera culpa, índice de ignorancia y de oscurantismo, mientras que el oscurantismo forma precisamente parte de la naturaleza diabólica de los demonios, que por medio de su iglesia en la tierra lo difunden, lo propagan llevándolo a las almas sirviéndose precisamente de los maleficios.

¿Qué quiere decir maleficio y qué es? Es la presencia de "fuerzas oscuras" ocultas en personas, lugares o cosas, con las cuales en general se crean situaciones de sufrimiento espiritual y material.

He dicho en general, porque no siempre donde hay presencia de fuerzas oscuras ocultas hay sufrimiento, en efecto en aquellos que son artífices de los maleficios, esto es, son instrumentos de estas fuerzas oscuras ocultas, no hay sufrimiento espiritual ni material, porque les viene evitado por esas mismas fuerzas a las que están ligados.

El "espiritismo", que es evocación de fuerzas ocultas, jamás es de Dios, sino siempre del Infierno y es medio para extender en la tierra el reino del Príncipe de las tinieblas, y así los sometidos a la iglesia de Satanás son otros tantos celosos apóstoles de ocultas presencias en almas, lugares y cosas, artífices por consiguiente de tanto increíble sufrimiento.

Negar hechos y consecuencias de la pérfida actividad de las potencias oscuras del Infierno es como negar a Dios, el Cual, para liberar a la humanidad de tanto mal me ha enviado a la tierra a Mí, Verbo Eterno de Dios hecho carne, a morir en la Cruz.

Hijo, por ahora basta, te bendigo, ámame.

....................................

22 de Noviembre de 1978

 ¡SE OBSTINAN EN NO CREER!

 Escribe, hijo mío, soy Jesús.

Hasta hoy, los mensajes que te he transmitido eran para lamentar  males y abusos que se han creado en mi Iglesia con una finalidad sin embargo bien precisa y clara, la de tratar de ponerles remedio;

lamentablemente pocos los han tomado en serio;

los demás se han dejado enredar por la duda, por la incredulidad y por la abulia que les ha impedido poner la mano en el arado,  ¡obstáculos todos provocados por los mismos enemigos en los que se obstinan en no creer, contribuyendo así a acrecentar los males y facilitando su obra demoledora!

He dicho que se obstinan en no creer, y esto, contra la evidencia. A cada momento se topan con hechos y sucesos a los que no se les puede dar explicación humana alguna y para los cuales, la razón y la lógica deben aceptar una explicación que trascienda la razón, pero ni esto vale...

Se comportan como niños que niegan a la mamá haber tomado a escondidas cualquier golosina mientras la están engullendo a boca llena...

¡Este es el comportamiento de tantísimos hombres de hoy frente a hechos que no admiten ninguna explicación humana!

 

Es la hora en la que las cosas se deben llamar por su nombre 

Ve, hijo mío, cuántas dudas y hoy frente a por las palabras que están como subtítulo en la portada de los libros: "Confidencias de Jesús a un Sacerdote suyo "…

Se piensa y se dice que esto no puede ser y que no es posible, sobre todo cuando se piensa que estas palabras se hayan dirigido a un determinado Sacerdote, con nombre y apellido y conocido por todos con el fardo de sus miserias...;

no se dan cuenta estas personas de que pensando y razonando así se elevan sobre un pedestal a lo menos igual al de Dios, de quien intentan juzgar:

las intenciones; pero ¿quién puede juzgar las intenciones de Dios si está prohibido juzgar aún las intenciones de los hermanos?

la Potencia y los Poderes; pero ¿ quién puede juzgar los Poderes de Dios si son infinitos, y quién los puede medir?

Presunción inaudita de la que ni siquiera se dan cuenta, porque se dice y se piensa así sólo por falta de Fe; no se cree en realidad que nosotros seamos y vivamos inmersos en Dios, que es infinito y es la primera y absoluta Realidad de la que cualquier otra es...

¿Por qué entonces Yo, Dios y Hombre, es decir, Verbo eterno de Dios no habría podido o debido dirigirme a ti, hijo mío, y como a ti a tantos otros?

¡Así pues la soberbia humana ha llegado a tanto de pretender condicionar el modo de pensar y de obrar de Dios, Creador y Señor de todas las cosas!

Se ha dicho y pensado: Si Jesús tuviera algo que decir debía decírmelo a mi, que tengo la plenitud del Sacerdocio..  ¡y en esto la estupidez humana supera todo límite!

Te he dicho, hijo mío, que ha llegado la hora en la que las cosas se deben llamar por su nombre, y que Yo soy el Amor, pero te he dicho también que Yo soy la Verdad;

no es que Yo sea más Amor y menos Verdad o más Verdad y menos Amor, no, Yo soy Amor y Verdad y no es que la Caridad tenga un derecho de precedencia sobre la Verdad, no, ¡Yo quiero, hijo mío, Caridad y Verdad en igual medida.

 

Por la carencia de humildad la Iglesia agoniza 

En vuestra reunión de B. has visto y constatado cómo se ha exagerado sobre una de estas virtudes en perjuicio de la otra, mientras que no puede ser la una sin la otra.

Ahora sin embargo aquello que te he dicho sobre las dos grandes e inseparables virtudes de la Caridad y de la Verdad vale también para todas las demás. En efecto, igual que en un cuerpo humano o social, si carece de un órgano vital no se tiene una vida buena y regular, así también de las almas, de manera que si un alma carece de una virtud Teologal, en ella la "vida", (vida de Gracia, vida Divina), se apaga, y si falta otra gran virtud, la "vida" languidece.

Hay pues hay otra virtud, que si bien no está enumerada entre las virtudes Teologales es fundamental y sin la cual la vida de la Gracia no puede existir, nunca podrá existir, y es la Humildad.

La carencia de humildad ha llevado a Mi Iglesia a agonizar y no perecerá sólo porque Yo no lo permitiré.

Hijo mío, ahora basta, continuaremos cuanto antes, pero quiero ahora decirte aún una cosa: no te preocupes por lo que se dice de ti y de la Comunidad, pues si verdaderamente me quieres amar Yo sólo te debo bastar, porque en Mí encontrarás todo, en Mí tendrás todo lo que verdaderamente vale, es decir: Fe, Esperanza, Caridad, Sabiduría, Humildad y todo otro verdadero bien.

Te bendigo y contigo bendigo a toda la Comunidad, a la que sigo, miro y amo.

Ámame, reza y haz rezar y reparar.

....................................

7/9 de Diciembre de 1978

 DIOS UNO Y TRINO VERDAD ABSOLUTA

 Escribe, hijo mío, soy Jesús y deseo continuar con el coloquio interrumpido ayer.

Entre los tesoros de mi Iglesia hay otro preciosísimo, pero no siempre apreciado por los hombres y buscado con el ardor que bien se merece, y es la "Verdad".

La verdad absoluta soy Yo, Dios Uno y Trino.

La verdad relativa es la que más se acerca a Mí, esto es, es aquella a vosotros participada por Mí, verdad suprema..

La "mentira" es oscuridad que brota, como cualquier otro mal, de la soberbia.

La "verdad" es transparencia que se deriva de la Transparencia absoluta que es Dios.

La Verdad es luz intelectual plena de amor y de amor está toda compenetrada; mientras la mentira, que es siempre engaño, es la antítesis de la verdad.

Quien posee la verdad posee a Dios, "Ego sum Veritas"[1]; y poseer a Dios es poseer todo, es decir, es poseer la paz, la vida, la esperanza que sostiene, ayuda y fortalece, que genera la fuerza de luchar y proseguir el camino hacia la meta final, única finalidad de la vida y de la creación. Por el contrario el error, que es engaño, mentira y tortuosidad mantiene al alma vinculada a la muerte.

 

La Iglesia: única legítima intérprete de las verdades reveladas

 Hijo, la "verdad" está en Mi Iglesia, la sola y única institución humana que posee este inestimable tesoro que Yo le he dado;

es la sola y legítima Depositaria de la Revelación;

es la sola y legitima intérprete de las Verdades reveladas;

es la sola Maestra de verdad que tiene en sí la garantía de las verdades enseñadas;

por esto le será dado el puesto que le corresponde esto es de Guía de los pueblos y de las naciones.

He dicho qué es Mi Iglesia, sacramento de salvación, que posee este precioso e inestimable don, pero no son para considerarse sacramentos de salvación los miembros individuales de la Iglesia, o particulares "grupos" o determinadas escuelas, a veces verdaderos estercoleros donde pululan herejías de todo género;

no son para considerarse iglesia los numerosos presuntuosos Teólogos que se han hecho promotores de doctrinas insensatas rebosantes de errores y de verdaderas y propias herejías;

no son ni siquiera para considerarse iglesia tantos Pastores que independientemente de Mi Vicario difunden principios contrarios a la Revelación;

no son de ninguna manera para considerarse buenos Pastores y buenos Maestros aquellos Obispos que "tácitamente" aprueban el afirmarse y el difundirse tantos errores entre su grey... ¡y el número de estos últimos es grandísimo!

Sé que lo que te voy a decir, hijo mío, podrá parecerte paradójico, pero es la verdad: Si un Obispo o un Sacerdote están en gracia de Dios ven y verán más o menos, según su transparencia espiritual, pero si no están en gracia de Dios en su espíritu está la oscuridad, esa oscuridad tremenda que es muerte espiritual y tú sabes que los muertos no pueden sino emanar hedor, ahora bien, quien por soberbia y orgullo ha traicionado vendiéndose a la iglesia de Satanás y tú sabes que hoy éstos son muchos, si no ha habido en él un sincero arrepentimiento seguido de una santa Confesión, podrá ser Obispo o Sacerdote sólo ante los hombres pero no lo es ante Dios, porque el Orden Episcopal o Sacerdotal está suspendido, esto es, no ha impreso jamás ningún Carácter ni podrá jamás producir algún efecto en aquellas almas desventuradas.

 

No aceptan la Verdad... y Yo soy la Verdad

 ¿No te dije muchas veces que si te hiciera ver todo lo que está detrás de la fachada de Mi iglesia no podrías sobrevivir ni siquiera un instante?

¡Pero esto no es todo!

Tú continúas preguntándote cómo es posible todo esto, ahora no es el caso de hablar de posibilidades sino de mirar de frente una tremenda realidad que te abre una rendija de luz sobre una situación dramática de mi Iglesia y que te explica la complaciente indiferencia de la propagación del error y de la herejía y además tantos otros males.

¿Cómo podrías explicar la pasividad, el silencio culpable y ese intentar continuamente obstaculizar el bien bajo los más absurdos pretextos, siempre naturalmente camuflados de celo por la verdad, por parte de quienes no aman, no buscan y no quieren la verdad, mientras que no tienen ojos para ver ni palabras para estigmatizar el mal que se consuma ante ellos?

No aceptan la verdad... y Yo soy la Verdad; no pueden aceptarla porque han matado en ellos la Fe, que es transparencia, a través de la cual se vislumbra la verdad para adherirse con la voluntad a ella... pero ¿cómo puede ver quien ha sofocado y matado en su propio corazón la Fe por amor del propio yo?

Es cierto, hijo mío, que ellos leyendo estos mensajes Míos se sentirán ofendidos y reaccionarán contra ti, pero tú no te preocupes por ello, porque no podrán nada contra ti, pues lo quieran o no, soy Yo, Jesús quien te habla y quien te ha elegido para desenmascararlos, en vista de que se han resistido a toda invitación mía para ponerse de nuevo en el camino justo del arrepentimiento para el retorno a la Casa del Padre.

Los depositarios de la Verdad son Mi Vicario y los Obispos unidos, he dicho unidos, con Él en una profunda comunión de Fe y de Amor; a ellos la tarea de ser Luz y Maestros de Verdad.

Ahora basta, hijo mío; te bendigo y contigo bendigo a todos aquellos que te son queridos; no temas, no temas nada, ¡Yo, Jesús, soy el más fuerte!


[1]  Yo soy la Verdad  (Jn 14,6)

 

....................................

2 de enero de 1979

 

UNA BLANCA FIGURA DE HOMBRE

 

Hermano don Octavio, soy Marisa.

Si tú pudieras ver desde donde estamos lo que vemos y cómo lo vemos, sería una sorpresa  tan grande que tu vida humana se destrozaría; tú sabes que nosotros estamos y vemos en Dios y, como ya se te ha dicho otras veces, se ve todo de una manera diferente, más limpio y exento de elementos extraños, por lo que se ven las personas y las cosas en su objetiva realidad;

nosotros vemos ahora la Tierra habitada por una humanidad inquieta y turbulenta, como es inquieto y turbulento aquel que no posee al sumo Bien, la vemos moverse en todas direcciones, afanosamente buscando aquello para lo cual ha sido creada, pero la vemos evitar cuidadosamente moverse hacia "la" dirección en la que estaría "cierta" de encontrarlo.

En medio de esta riada de hombres en camino vemos, como pequeños oasis puntuados por acá y por allá grupos de hombres que para mantenerse en el camino que conduce con seguridad al puerto de llegada van a contra corriente, y en el hormigueo de miles de millones de hombres, sufrientes o gozosos, sanos o enfermos, pero todos únicamente deseosos de felicidad vemos "estar" una blanca figura de hombre que resalta por su estatura moral y espiritual como un gigante y empuña solo y con mano firme un estandarte, es el estandarte de la Iglesia de Cristo, que muchos y poderosos enemigos quisieran arrancarle, pero que Él mantiene con mano segura mientras señala a todos el Camino de la salvación.

 

Muchos fingen fidelidad y obediencia, pero conjuran contra Él

 Este invicto Capitán que no teme nada, caerá, gloriosísimo Mártir, enrojeciendo con su sangre la inmaculada vestidura que lleva, irrigando así también él a la Iglesia que salió del costado de Cristo, Verbo eterno de Dios hecho Carne y muerto en la Cruz por la liberación de la humanidad de la feroz tiranía de Satanás, el implacable enemigo de Cristo y de Su Iglesia;

muchos de aquellos que deberían estar en efecto al lado del valiente y glorioso guerrero lo han abandonado pasándose al Enemigo, y aunque exteriormente fingen fidelidad y obediencia, al mismo tiempo conjuran contra Él, pero todas las intrigas y trampas de los enemigos de  Cristo, sumo e invencible Rey de los siglos eternos, caerán en el vacío, porque "no prevalecerán".

Hermano don Octavio, aunque los hombres en su culpable ceguera no ven, porque por su orgullo se niegan a ver lo que nosotros vemos con claridad, ni creen lo que nosotros creemos, no cambia absolutamente nada de los Decretos eternos de Dios, porque el inmenso hormigueo de hombres que cubren la tierra y que convulsivamente se agitan en la oscuridad no son sino un puñado de polvo que pronto será dispersado por el viento, y la tierra que ellos pisotean con pie soberbio quedará árida y desolada, luego "purificada" por el fuego, para después ser fecundada después por el honesto trabajo de los justos que por Bondad Divina se librarán de la hora tremenda de la Ira Divina.

"Luego", hermano don Octavio, será el Reino de Dios en las almas, ese Reino que desde hace siglos los justos imploran al Señor invocando " adveniat Regnum tuum "[1].

 

Te buscaran para tener luz y consuelo

 Esta generación incrédula y perversa será la protagonista de acontecimientos tan grandes y jamás vistos en la historia de la humanidad, pero es necesario prepararse a estos acontecimientos predisponiendo el propio ánimo en la oración y en la penitencia, esto es, con un sincero arrepentimiento de las propias culpas, porque el tiempo que tenéis a vuestra disposición para esto no es mucho.

Desde hace tiempo se habla de oscuridad; desde hace tiempo se dice que Iglesia y humanidad están envueltas por una oscuridad ahora ya total, en efecto que sean precisamente los Pastores y los Sacerdotes, si bien veladamente, quienes dan valor al mal y condenan el bien,  es una deformación espiritual de tal gravedad, y es en el Cuerpo Místico una anomalía generadora de una oscuridad sin precedentes y tal que lo hace abominable a los ojos del Cielo.

Animo, don Octavio, es duro y difícil convencerte de que has sido el bendito y afortunado elegido, pero desde el Seminario y sin saberlo lo has predicho repitiendo con frecuencia "Spiritus ubi vult spirat"[2]… ahora ha llegado el tiempo de que te convenzas de que aquellas palabras eran para ti;

confirmaciones has tenido tantas, por lo que no deberías permitir que la duda ni siquiera rozara tu alma, sino más bien, si grande es la misión que te ha sido confiada, no menos grande es la responsabilidad que ella comporta;

el no tener conciencia de esto sería peligroso, y el no corresponder adecuadamente

sería culpa y daño para ti y para innumerables almas.

Humildad; es la humildad, don Octavio, lo que debes tratar de perseguir, porque te será siempre necesaria, pero sobre todo cuando vengan a ti personas de toda clase y te busquen para tener de ti luz y consuelo… y tú serás luz y darás consuelo en la medida en la que sepas amar al Señor en la humildad.

Estas son las maravillas de Dios, los prodigios de Su Amor y de su Misericordia.

Te estoy cercana; has estado en mi casa y has rezado ante el Crucifijo que me era tan querido y te correspondo intercediendo por ti, ahora y siempre. Amén.

 

Oh Virgen Santa, Madre de Jesús y Madre nuestra

 

Nadie ha amado a Jesús más que tú

Nadie ha sufrido por Jesús más que tú

Nadie ha  creído en Jesús más que tú

Nadie ha seguido tan fielmente a Jesús más que tú

Nadie ha conocido a Jesús más que tú

Nadie ha servido mejor a Jesús más que tú

Nadie ha estado unido a Jesús más que tú

Nadie ha adorado a Jesús más que tú

Nadie ha glorificado a Jesús más que tú

Nadie ha obedecido a Jesús más que tú

Nadie ha participado en la Omnipotencia de Jesús más que tú.

 

Oh María, Madre nuestra, no alejes tu mirada jamás de nosotros

peregrinos en la tierra en camino hacia el Puerto que nos espera.

Oh María, Madre nuestra, ayúdanos, asístenos, protégenos y defiéndenos

de los numerosos males espirituales y materiales que nos rodean.

Oh María, verdadera Madre de Dios y verdadera Madre nuestra,

inmunízanos contra todas las insidias del Infierno,

danos la perseverancia y guíanos a través de las dificultades de  nuestra vida terrena.

Amén.      Amén.       Amén.


 


[1] Venga tu Reino (Mt 10, 6)

[2] El Espíritu sopla donde quiere (Jn 3,8)



Página principal de Monseñor Michelini

Descargar libro completo a su computadora. (Word comprimido en formato ZIP)


Mas Revelaciones de Dios a otros Siervos de Dios
 

 

«En cuanto a las revelaciones privadas, es mejor creer que no creer en ellas; porque si crees y resultan ser verdaderas, te sentirás feliz de que creíste, porque Nuestra Santa Madre lo pidió. Y si resultan ser falsas, tú recibes todas las bendiciones como si fueran verdaderas, porque creíste que eran verdad.»

(Papa Urbano VIII, 1636 )